Cuando no eres consciente de tu dependencia respecto a la mirada de los demás, vives temblando frente al posible abandono de los otros que, como todos, aprendiste a temer. Y el precio para no temer es acatar, es ser lo que los demás, "que tanto nos quieren", nos presionan a ser, nos presionan a hacer y nos presionan a pensar.
Si tienes "la suerte" y el mundo en algún momento te da la espalda, no tendrás más remedio que darte cuenta de lo estéril de tu lucha.
Pero si no sucede así,
si tienes la "desdicha" de ser aceptado y halagado,
entonces...
estás abandonado a tu propia conciencia de
libertad,
estás forzado a decidir:
acatamiento o soledad;
estás atrapado entre ser lo que deber ser
o no ser nada para nadie.
Y a partir de entonces...
podrás ser,
pero sólo solo, y sólo para ti.
